Las llamas de la revuelta vuelven a arder en Irán. Sin embargo, esta vez parece diferente. Se está gestando una revolución, una revolución feminista. Las primeras chispas de la revolución se encendieron en Saghez, en el Kurdistán, la ciudad natal de Mahsa Amini. Mahsa Amini era una joven kurda de 22 años que murió a manos de la policía por llevar un «hijab inadecuado». Mahsa era más conocida como Zhina entre sus amigos y familiares. En lengua kurda, Zhina significa «vida». La República Islámica de Irán acabó con su vida y con la de innumerables personas más como sacrificios en aras del patriarcado, la religión, el racismo y el capitalismo.
Las chispas originales de la revuelta, iniciadas por los cánticos «Jin, Jiyan, Azadi» («Mujer, vida, libertad»), son ahora una revolución que se extiende a las 31 provincias y a cientos de ciudades. Incluso los bastiones ideológicos del régimen, Qom y Mashhad, se están rebelando. Por primera vez, la policía es el objetivo directo de la ira del pueblo. La policía ha sido rechazada, golpeada y asesinada. Los coches de policía han sido volcados, quemados y destruidos. Las comisarías han sido tomadas e incendiadas. La gente ya no les tiene miedo.
La revolución está dando sus frutos. Oshnavieh es la primera ciudad liberada y bajo el control total del pueblo desde el 24 de septiembre. Estamos a un paso de derrocar el culto a la muerte que es la República Islámica de Irán. Aún está por ver si daremos ese paso definitivo. Pero el pueblo de Irán ya ha demostrado que no debe ser subestimado.
Una coproducción entre Antimídia, Federation of Anarchism Era y subMedia.
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